
Bajo almenas,
blindadas de ternura,
crujen odios con blasfemias
y hojas secas,
acolchando el deshaucio
del vencejo,
que atónito, enmudece
y a las copas ya no vuela.
Rola el viento, en frío desquite
de la brisa, a mi pesar,
y urde su azote:
acechante como el sol
entre nubes
que la lucha recalienta;
rotundo
como el filo alocado del hacha
repartiendo su furia;
ancho
como el ocaso,
donde el tesón arrojadizo,
de la «noble» vileza,
saquea el rimero de honra
con venablos y cañones.
¡Arriad los levadizos;
paso franco al oprimido
y que el alma,
sea asaltada por pasiones;
por amor, jamás por saña;
oiga salvas de suspiros,
y latidos,
y deguste la fragancia
de una ráfaga de flores,
.
doctorpoeta
Comentarios recientes