
Frustrada la cita,
¿cómo puede el amante
salir de la noche de aullidos
que, el oido, atraviesan;
del hedor a excremento
y orina de perro,
que despide la yerba;
de la luna, los astros y estrellas,
que lucen alerta,
preocupadas del rayo
que augura tormenta;
o del cielo,
cubierto de nubes tupidas,
que los truenos revientan;
de la brisa de seda, que remueve
los celos,
cuando cesa la lluvia
y renace la luz de la luna,
de los astros y estrellas que,
impacientes, lo alumbran?
¡Pero no acude ella!
doctorpoeta
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