DESDE EL ACÍBAR HASTA EL  VERSO

Retomaré el sendero de los

versos,

solitario y desoído.

Como clavo encendido

me amenaza, sin piedad,

el furor de un trago amargo

y jadeo por la calima.

El jardín del pensamiento,

donde rebrota la vida,

se va secando y muriendo

y, como cuero, crepita;

Busco miel en tanto acedo

acercándome a los sueños

que de promisión me avisan.

Afiliado a la ilusión

y, embriagado de colores

me hago adicto a los requiebros:

de las olas que, al batir,

quieren refrescar la calma;

de la espuma que, al llegar,

besa de yodo mis pies

y hace a los dedos sentir

cosquilleo de yodo y algas;

de la brisa que es frugal

y atempera mi premura.

En la noche de los versos,

los astros, que desperezan,

urden levitar mi imagen

sobre el tiempo y el espacio,

para que lleve el compás

de los astros y su baile.

Y la cauta luz de luna,

cuando, el sol, su genio esconde

tenue, ilumina la estrofa

y animoso, el estrambote,

en la danza, me involucra.

doctorpoeta

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