LA SEMÁNTICA DESCRIPTIVA
Tal vez no me bajen, la tensión y el sobrepeso, a pesar del ineludible paseo matinal por el que la buena disposición de las piernas para con mi hálito, lo lleva a levitar por el más puro optimismo. Bien recibidos los pros, es verdad que también se esperan contras.
La llovizna cae a repartir entre quien suscribe, el tupido follaje del soto y el vulnerable equilibrio ecológico, poniendo un punto de humedad en mi semblante, en la arboleda y en la caricias racheadas de la brisa.
La alerta, activada con un trueno, advierte de la inclemencia de un temible chaparrón; me persuade de los riesgos y me insta a montarme en la prudencia que me lleva, desde el paisaje colosal, a rezar, según temor, en la garita cubierta del yermo.
En plena retirada se frena el apremio al reparar mi atención en el chapoteo de cada gota, y sus ondas respectivas, que juguetean y se expanden por el reflejo fluctuante, como un flan, sobre el cristal caudaloso del riachuelo.
Enarbolados, como banderas al viento, la imagen iconoclasta de mi rostro, la arboleda de copas rizadas y el nido vivaz de cigüeña, donde picos y zancas tronchados, picotean y pisotean el hogar, trabado por el seco ramaje que corona la espadaña. Surge un pez que se aturde en cada onda, conmoviendo mi interés, los cambios bruscos de su rumbo; asustado, enloquece su aleteo y el pavor, infundado y tal vez exagerado, lo deriva hacia saltos insufribles, desde el remanso sereno.
Mientras yo, tan absorto y calado hasta mis latidos, no me entero de que está a punto de escampar. Gracias a Dios que espabilo y corro para regresar, pues mi hogar queda muy lejos. Un sañudo resbalón, por simple «mala follá», me disloca la mortaja del tobillo
Y el móvil, se me olvidó ¡Nunca he viajado mejor que de «copiloto» del carrero!
doctorpoeta
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