Pienso en cómo puedo buscar lealtad para conmigo mismo y para todo aquél que, aunque de soslayo, tenga a bien tratar de comprenderme.

Busco lealtad para mi alma,
en la lluvia de estrellas
y sus gotas que alumbran
el silencio de los besos;

en la belleza de la flor,
que arroja su pasión por el marchitar ineludible,
que sentencia el calendario;

en las campiñas y selvas
donde, el oído titubea,
confundido por trinos y rugidos;

en los cuentos y los sueños,
de ingenua trama,
estructurada en lo ficticio, en lo improbable y en lo imposible;

en la cara del niño enfermo
y la mirada implorante,
de sus ojos plomizos;

en la gesta inacabada de dos vidas, enlazadas por anillos,
arras, ilusiones y preceptos;

en el creciente resplandor
de tres luceros fulgurantes,
escapados, beso a beso;

en los valles y montañas,
de quietud perecedera;

en los mares de placer,
de aventuras y de mitos
y horizonte inalcanzable;

en el sórdido sufrimiento,
del drama interminable, hambre, frío, llanto y muerte
de guión horripilante;

en lo sacro, sin pretender superar mi potencial abarcable;

en las vivencias cotidianas,
que transcribe mi diario,
donde el simplismo, melodía relajante,
intentará silenciar la estridencia alocada de la prisa y el insomnio.

doctorpoeta

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