
Por mi experiencia en la propedéutica de los avatares del mundo, siempre ligada a mi profesión, sospecho que nunca podrán abrir la puerta de la felicidad, las políticas del «mogollón». En mi larga trayectoria he aprendido de la vida que no tienen que importar las mujeres, los hombres, los niños, las niñas, los trans, las trans, los gays, las lesbianas, los enfermos, las enfermas; los padres, las madres, los hijos, las hijas, los ricos, los pobres, tanto, como cada hombre, cada mujer, cada niño, cada niña, cada trans, cada gay, cada lesbiana, cada enfermo, cada enferma, cada padre, cada madre, cada hijo, cada hija, cada rico, cada pobre…
¡Por ahí «irían los tiros»!
Cree, convencido, doctorpoeta
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