Nada es tan detestable como sentir invadidas, las fronteras de nuestra existencia, por el intrusismo de otro ser. En el amor, en cambio, estos límites se tornan tan porosos que al penetrar la anhelante individualidad para fundirse, de forma tan sublime como trepidante, con la anhelada individualidad y viceversa, la felicidad entre ambas existencias, procede necesariamente del calor desprendido en la fusión.
doctorpoeta
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