
Cuando viene a mi casa procuro
que, perplejos, mis ojos se aparten
y mi cinto ajustado no caiga,
que es muy grave el peligro que siento
cuando late, a galope, mi pecho
por exceso de celo y de carga.
Como nunca he logrado evitarlo,
me he propuesto no hablarle
a su amor de locura, que es falso,
si es que no se me rompen las venas
del cuello,
cuando tanto silencio no aguante.
doctorpoeta
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