LOS DESALMADOS SE LO PIERDEN; ELLOS VERÁN
Invitado al cenáculo fraterno,
mi alma llega, cansada y reseca
y la unges
con el néctar de tu aliento.
Perdido en el túnel ruin,
de mi zozobra,
ciego, hambriento y desvalido,
me citaste, confiado, a tu convite.
Se rompió la barrera impenetrable,
se abrieron los grilletes
de mi ausencia
y tu sonrisa me indicaba la salida.
Hoy, me sientas al reclamo de tu mesa,
a resguardo del odio y la inclemencia
y me entregas la ración
del menú, más suculento, del Misterio;
me impulsas
hacia el remanso sublime del Amor
y me inscribes,
en el censo de tu oasis.
Si, aun liberado,
un destello de vileza me ciega,
audaz, me arrancarás la venda
y fascinado,
me saciaré de Pan y Vino,
sobre el florido mantel
del Perdón y la Esperanza.
doctorpoeta, ¡feliz madrugá!