El síndrome ansiedad-depresión es cada vez más frecuente; martiriza e incapacita a gran parte de la población; es muy preocupante detectar, cada vez más casos en adolescentes e, incluso, en la población infantil con un crecimiento exponencial de la morbilidad. Conocer en qué consiste el síndrome, sus causas y por qué quedamos atrapados en él, sería útil para hacerlo más llevadero e, intentar plantarle cara. Los síntomas, curiosamente, aparecen para ALERTAR de que la mente está contaminada y, de tal aviso, se puede iniciar el proceso de descontaminación. Por ello, aunque parezca paradójico, aceptar el servilismo de los síntomas es útil al tratarse de un recurso biológico. Por tanto, como primera reacción, al percibir la desazón de la ansiedad, debemos ser corteses y «agradecerle» su cometido. La meditación sobre esta circunstancia, en general, suele proporcionar alivio de forma instantánea. La segunda parte de la reacción tiene como objetivo bloquear los pensamientos negativos con sensaciones opuestas, conseguidas con la contemplación serena y gratificante de la vida misma, priorizando las sencillas maravillas que nos rodean, como encuentros, paisajes, el vuelo de los pájaros, el olor a primavera, una canción, un verso, un beso, una flor, una sonrisa, y todo aquello que nos haga retornar desde la atroz pesadilla, hasta el masaje suave de un dulce sosiego. Si con ello aprendemos a dar el primer paso, el segundo, que lleva a los tratamientos diversos e individualizados, lo daremos con más firmeza y convicción, hasta conseguir el logro definitivo y, si es posible, liberarnos gradualmente de la dependencia de los fármacos. En momentos excepcionales en los que existe gran riesgo de desequilibrio emocional es importante tener en cuenta estas consideraciones; concretamente, en la tremenda agresión infecciosa que ataca al mundo, la disfunción de la mente hace que se liberen sustancias bioquímicas que disminuyen considerablemente las defensas orgánicas con el consiguiente aumento de la vulnerabilidad por lo que, en las estrategias de contención infecciosa, hay que incluir, ineludiblemente, programas de higiene mental.

Dr. Antonio Carlos Rodríguez Armenteros

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