Por penitencia, o castigo,

de mis sueños carecí;

eso me sacó de mí,

y lo peor, ¡sin motivo!

Ligeramente dormido,

prefiero tener desvelo,

pues, inquieto y con ronquidos,

el castigado es ajeno.

Hace poco, en un bostezo,

todos los sueños vinieron;

ilusorio, fue, el primero:

Magos, pajes, caramelos

más, con tanto atolladero,

de golpe, todos se fueron;

huyeron de mi arrebato,

mi mala cara, mis nervios.

Indispensable, el regreso:

¡hay que volver a empezar!

Mi llamada, no han oído

y es, para el alma, esencial.

Más sereno, he presentido

que, en grato sueño sumido,

suspirando y sin roncar,

la pasión los ha atraído

y…

¡ya no quiero despertar!

doctorpoeta

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