Salimos del pedregal

por tu mano dadivosa;

tu advertencia me libera

de deslices y caídas 

por las sendas peligrosas;

¡Qué nobleza en tus consejos,

son de oro, plata y gemas!

y tu audacia, prodigiosa,

calcinando los rastrojos

por quebradas espinosas.

¿Por amor?

¡presiento y siento

que, imposible, sea otra cosa!

Aliento siento en el cuerpo

cuando las manos se adosan 

y en el alma ¿qué más llevo?

¡tanto anhelo, que rebosa,

cuando avanza por la trocha.

doctorpoeta

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