
Nunca; distinto es que se sobreponga a la arrogancia del que no sabe, que fluye del complejo de inferioridad o del sentimiento inducido de la incontestable “igualdad”. La cultura no toma la iniciativa de la ofensa, porque en caso contrario no sería cultura, aunque es innegable que puede ser utilizada como arma decisiva para defender, la argumentación, de la inopia. Desde la ética, el que sabe está obligado a enseñar al que no sabe y el supremacismo cultural, si es docente, constructivo y no presuntuoso, nunca puede ser considerado ofensa. La argucia del buenismo, que podría tener las horas contadas, es tan estúpida que se vuelve en contra del objeto al que se le aplica.
Aunque gran persona, el inculto seguiría siéndolo si no eleva su nivel y seducirlo, para que confíe en lo contrario, no es más que una de tantas falacias que se manejan en el tacticismo clientelar.
doctorpoeta