¿HAY UN PORQUÉ?
Bajo almenas,
negadas de ternura,
crujen odios, blasfemias
y hojas secas
y se acolcha el deshaucio
del vencejo,
que atónito enmudece.
Rola el viento, en frío desquite
de la brisa a mi pesa,
y urde su azote:
Acechante, como el sol,
entre las nubes,
que, la lucha, recalienta;
rotundo,
como el filo alocado del hacha,
repartiendo su furia;
ancho,
como el poniente,
donde el tesón arrojadizo
de la noble vileza,
saquea el rimero de honra
con venablos y cañones.
¡Arriad los levadizos;
poned filtros
y que el alma,
sea asaltada por pasiones;
por amor, nunca por saña;
por el rumor de suspiros,
por latidos,
por un dulce olor a flores,
y por música y canciones.
doctorpoeta
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