Le llega el dolor de espinas

y la alondra volará

virando la timonera,

para, al Calvario, llegar.

En el travesero posa

y un lamento va a exclamar:

abre el pico, gruñe, llora,

ni es su canto, ni es trinar.

Encajada la corona,

con rasguños, pupas, llagas

salivajos, golpes, trolas

y, en el torso, una lanzada;

hiel, por agua, carcajadas;

por cetro, lleva una caña

y en la Última Palabra,

un Reino que pronto acaba.

Se acurruca en el larguero,

junto a las sienes ceñidas;

vano intento el picoteo,

por restañar las heridas.

La sacudida del suelo,

ha aturdido al centurión.

La alondra huye asustada

tras la lanza en el costado;

rojizo se torna el cielo,

fuerte viento, confusión.

¡Muerto, devuelve la vida,

ese Hijo abandonado!

Pero, el mundo va a cambiar,

desde el martirio al perdón,

porque agarrado a tres clavos,

redime odio y dolor…

¡Frena el vuelo, vuelve acá,

pega un viraje a tus alas

y bájale, a tu nido, amor

que lo anhela tu nidada!

doctorpoeta.

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