
Miro el reloj: son las tres
y naufraga mi verso,
y mi ingenio,
en la marejada del bostezo.
Aun así, despereza una palabra
y se hace de rogar, y de remar,
por el fluir del Acueducto
del prócer Silvio,
al que el cerebro encomienda
el refrigerio
y el cauce de las ideas.
Incólume, el cenicero,
(por prescripción facultativa),
refleja mi lustre cansado
y la luz oscilante,
de la hastiada bombilla;
Y, a su lado,
la paciente cuartilla
sensible al fin
al verso o al remo,
abre un espacio
hasta ver qué hace el verbo.
El letargo de la mente,
(se da el caso)
no bloquea la inspiración
ni pervierte el ideal
de fondo y forma.
Que trascienda la frase,
hacia el mensaje,
depende
de la impronta de ingenio,
aunque enlace desde un alma
amodorrada
doctorpoeta
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