El comportamiento indigno libera catecolaminas y es marcadamente estresante: la villanía frunce el ceño, está rabiando por dentro, aunque quiera aparentar incuria y satisfacción; no así, la parte dañada que, impotente, se sumerge en desilusión y temor; también en desesperación.

Actuar con dignidad provoca liberación de endorfinas: Entre agente y receptor, hay decisión, empatía y una gran felicidad.

¡Es fácil la solución!

El buenismo es un cabrón y promueve el esnobismo

doctorpoeta

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