El miedo es una emoción desagradable provocada por la percepción de un peligro real o supuesto, presente, futuro, e incluso, ladinamente, repescado del pasado. De apariencia negativa, puede inducir en quienes lo experimentan, una gran positividad subliminar inicial, derivada de mantener, siempre alerta, el instinto de supervivencia. “Vivir sin miedo”, expresión que pareciera petulante, significaría, en realidad, afrontar la vida pensando en superar el riesgo real al que se expone la integridad personal, e incluso la continuidad de la propia existencia, hecho bastante común en situaciones normales. Las disfunciones del miedo sí que pueden ocasionar desequilibrios, con riesgo elevado de conducir a trastornos clínicos de pronóstico y repercusiones sociales variables, y repercusiones sociales, tales como el síndrome pánico-ansiedad, que requiere de terapia urgente, el surmenage, la adinamia y el adocenamiento; en definitiva, la “conducción sumisa”

Aunque exista un miedo infundado, todos sabemos de la infinidad de causas que pueden desencadenar miedo.

Indagando por la historia, Barry Glassner (Basic books, 1999) detectó la utilización del miedo, mediante la aplicación de normas y decretos políticos y sociales, a su entender bastante espurios, con la colaboración del mecenazgo mediático, para bloquear la capacidad volitiva de la población y facilitar su control y sometimiento.

doctorpoeta

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