
Arrojado, por mis sueños, al avatar de otro día, un grupo de mis neuronas encienden pronto la luz y se alumbra la razón, cuando el tostador avisa.
¿A qué tanto pretender si, en medio de este follón, me he podido convencer de que, sin pizca de ilusión, también la ruina es mía, en su alícuota porción?
¡Tranquilo, me sentaré; muy despacio voy a comer y masticaré muy bien!»
Un beso, con aroma a buen café, que aunque ahora no hay sequía, todo tiene solución.
doctorpoeta
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