
SIEMPRE HAY ALGO EN QUÉ PENSAR
En mis escarceos matinales a lo largo de la playa, reparo en la aparente proximidad de la línea cielo-agua y la curiosidad de mi pensamiento, no ceja en el empeño de encontrar la explicación: La confluencia virtual no se podría ratificar, creo, en ausencia de un acuerdo metafísico. Y ¿cómo se iniciaría el diálogo?
El cielo diría al agua: -“Te pediría un esfuerzo de discreción, aunque sé de la inmensidad de tu frenesí incluso, allende la tempestad”.
El agua le plantearía: -“Nunca me podría acoplar en la eternidad de tu silencio que, tras los brindis al sol, con flema, nocturnidad y la Luna a quien cuidar, montes tu baile de estrellas sin música celestial ”.
¿Habrá un acuerdo, al final? Si puedo, me acercaré. Ahora voy a desayunar
doctorpoeta
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