
No podría describir,
con justeza y precisión,
lo que siento por doquier,
después de lo que aporté,
de mi lucha en el presente
y en lo que pueda acaecer
¿Envidia o admiración,
dilección o desamor?
Puede que, a partes iguales,
una mezcla del contexto.
Me habríais reprochado, quizás,
en tiempos de iniquidad,
atisbos de dejación,
a la hora de afrontar
esta forma de tormento,
a pesar de un gran esfuerzo,
de las noches sin dormir,
de mi llanto sin consuelo.
¿Que debí haber hecho más?
En conciencia, creo que no.
En tiempos de probidad,
también se oirían, junto a mí,
loores de agradecimiento,
como ráfagas de aliento,
a fin de no recular
en agravios desterrar,
entre albricias y contento,
de las almas, de los cuerpos,
de los sueños
y enlazarlos a un proyecto.
Tanto, tanto, o tal vez más,
merecería dignidad,
o quizás también tibieza;
puede que enaltecimiento,
o la nada sempiterna.
¡Concededme disgresión
y aceptadme este momento,
sin filtrado ni excepción,
sea cual fuere su función,
estamento u opinión,
la sincera gratitud
de un emocionado beso.
doctorpoeta