
MIRO EL RELOJ
Son las tres y naufragan, mi verso y mi chispa, por la marejada del bostezo; despereza una palabra y se hace de rogar, y de remar, por el Acueducto del prócer Silvio al que el cerebro encomienda tanto, la refrigeración, como el cauce de las ideas.
Incólume el cenicero (por prescripción facultativa), refleja mi lustre cansado y la luz oscilante de la carísima bombilla; a su lado, la pasiva cuartilla, recibe, por fin, a un verso, que llega a ocupar el espacio vacío, tras esperar que, el verbo y su acción, le merezcan relleno.
La integridad y/o disfunción de la mente no siempre bloquea la inspiración ni pervierte el ideal de fondo y forma, sino que, en numerosas circunstancias de adversidad, han surgido a lo largo del tiempo, impresionantes obras maestras del Arte y de la Ciencia Universales. Que trascienda la obra hacia lo insigne depende de la impronta de ingenio, aunque sea elaborado por un pensamiento aturdido.
doctorpoeta
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