
Renacen
en los jardines de invierno,
yemas y brotes de ramas
que abrirán en poco tiempo.
¡Me acerco!
Aromas, que inspiran versos
y hojas, de verde ensueño
pintan, de fronda, el Paseo.
Hacia la playa, me bajo
vigoroso y perfumado.
Tu amor,
aún, sin haberlo llamado,
ya cosquillea por mi cuerpo;
mi corazón atizado
y mil suspiros al viento,
por el mar, me estás mandando.
Y tu voz sedosa canta;
la oigo en la caracola
que, en bajamar, se acomoda
sobre una duna de arena.
Rompen con fuerza las olas
y al refluir la resaca,
el compás, que se genera,
hace dueto, con tu canto,
en acordes que acompañan…
¡Canta, vocaliza, entona!
Un poema y dos baladas,
me están derritiendo el alma;
tu presencia no la siento;
no está muy profunda el agua,
sí muy alto, el firmamento.
Sigo la estela del canto
y, en la línea mar y cielo,
descubro que estás mirando
y oigo el ritmo de un bolero.
Pide mi lascivia un beso
y el devaneo de la brisa,
envuelve, afable mi cuerpo
y suaviza mis lamentos.
Cuando el sol se va al destierro,
no puedo encontrar tus labios…
¿Dónde están? ¿los llevas puestos?
¡Será que ya no los siento!
doctorpoeta