«Soy tu maestro, chaval; el que te instruye, para que seas una persona, al menos, normal; el que te indica el camino para evitar tropiezos y errores en tus planteamientos.
¡Ojalá que repartas los frutos de mi vocación, con la entrega de tu saber! Pudiera ser, mi paz, afluente de la tuya, cuando sepa de la justicia que repartes con mi enseñanza. Tu impronta, imagen de la mía, nunca va a ser arrancada de mi espejo y espero que, tampoco, las arranques del que has colgado en tu futuro”.
Siempre, tu seguro servidor; un fuerte abrazo