Nadie, tras su último adiós,
puede ansiar resucitar.
Reanimar respiración,
tras el silencio abismal
no está en manos del azar,
ni del cielo, ¡vive Dios!
Vano intento es aforar,
cuando no se afora nada,
sonrisas de cortesía
o gratitud simulada
cuando se haya puesto el sol.
Tajante es la exhalación,
y la pena que acompaña,
sin suspiros de pasión,
o jadeos sobre la caja.
Y si hay ruegos a Dios,
como última añagaza
obrada la inhumación,
polvo del hoyo saldrá
sin el cuerpo y sin el alma.
doctorpoeta
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