
COMO NIÑO
Conserva, para siempre, tu matiz diferencial; no te falte el optimismo que supiste validar con tus innatos privilegios: curiosidad con la que aprender; asombro para discernir; y dulzura para seducir.
No; nunca dejes de vivir como niño y sigue levantando castillos desde la nimiedad.
No seas apóstol del pesimismo, de la vileza y de la desolación: los quieren inocular quitando los quitamiedos, pero tú gozas de la virtud de querer y saber, cómo y cuándo, tender las manos; la inocencia de creer que luchar es una forma de jugar y la destreza de acallar, con retahílas, la retórica del mal.
¿Quieres dejarme jugar? esa escoba es mi caballo.
doctorpoeta
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