
Es muy importante saber interpretar y transmitir, los principales conceptos, para conseguir una aproximación adecuada, de la adolescencia, a la sexualidad.
La VERACIDAD hay que tenerla siempre muy en cuenta: es fundamental asumir que NUNCA SE HA DE ENGAÑAR A LOS HIJOS porque la frustración les puede llevar a la pérdida de confianza de difícil restauración. Decir que a los niños hay que responder, de «sopetón», con todo el rigor de la verdad es una opción equivocada, porque se deben tener en cuenta, tanto la edad cronológica como el nivel madurativo: Una explicación drástica, y/o precoz, puede ser no bien comprendida e incluso resultar contraproducente. Ideal sería establecer concordancia entre la estrategia familiar y la utilizada en los centros educativos para evitar contradicciones y confrontaciones entre compañeros y amigos.
LA ADAPTACIÓN DE LAS RESPUESTAS AL GRADO DE CURIOSIDAD O INTERÉS Y A LA CAPACIDAD DE COMPRENSIÓN del niño, es CRUCIAL: No se pueden establecer reglas concisas respecto a lo que niños desean saber, porque unos muestran preocupación temprana por estas cuestiones; otros, más tardíamente; en general, quienes están rodeados de adultos o de hermanos mayores sienten una curiosidad más precoz. De lo que no cabe duda es que, a la totalidad, les “pica el gusanillo” de la sexualidad y si no lo exteriorizan es porque no perciben, en sus padres, idoneidad para responderles si, previamente, les han mostrado una actitud evasiva. El «enterarse en la calle» puede ser, de manera casual, jocosa o interesada, una fuente de información mitificada o aberrante, con el grave riesgo de provocar reacciones indeseables.
Se detectan casos de niños que, habiendo llevado un curso normal de su inquietud por esta intrigante “aparición” biológica, súbitamente y sin motivo aparente, muestran un pertinaz silencio, evasiva o rechazo, «fugas emocionales» por fobia, desinterés o frustración susceptibles de asistencia psicológica.
Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros.
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