
DILECCIÓN
Reclama la cadencia,
el oído avieso
que, vértigo, padece,
acúfenos, silencio,
un sórdido zumbido
y a veces, sones viejos.
Reduce la distancia
el tímpano incorrecto,
a un trino que hace escala
en el oído incierto.
Acordes de rapsodia,
adagios, sortilegio,
embrujo que le otorga
la voz del sentimiento.
Se anima la existencia
del sordo y de su queja,
con algo de paciencia
y un poco más que eso.
EPIGRAFE: La pérdida auditiva en ancianos, también observada en niños, puede conducir a fobia social y degenerar a un trastorno obsesivo- compulsivo; a frecuentes casos de estrés y ansiedad y, lo más temible, a serios conflictos de la personalidad.
Ante una disminución o pérdida de audición hay que evitar, a toda costa, el monosprecio y los gracejos que tanto hieren a estas personas; es muy importante ser prudentes en la forma de dirigirnos a ellos, porque el abuso de intensidad, tono y/o timbre, tanto de la voz empleada como también del ruido, en la proximidad, puede generarles intensas neuralgias temporales y ataques de histeria. El diagnóstico de seguridad conducirá a una terapia adecuada, disponiendo de técnicas de alta cualificación clínica y tecnológica; el asesoramiento de las personas del entorno es fundamental
IN MEMORIAM de una persona ejemplar
doctorpoeta.
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