
LA VIL BANALIZACIÓN
Llegar a la cumbre de mi acercamiento a los demás, pasaría por lograr que, tantas personas empujadas al precipicio por la vesania, retomen el camino que, aunque pedregoso y empinado, les conduzca a la vasta llanura de la libertad.
La orientación sexual de un preadolescente, o adolescente, nunca ha de validarse por lo que él diga, o se auto considere y, deontológicamente, en estas situaciones, la decisión habría que arbitrarse desde un punto de vista racional. La cuestión pasaría por ser mucho más delicada y compleja de lo que, interesadamente, se quiere vender, precisando de técnicas, apoyos y seguimiento para la rotunda confirmación del diagnóstico.
Ante la seguridad, es obligado dar rienda suelta a la espontaneidad, sin estrategias restrictivas, eliminar tabúes y sectarismos, convencer de que, tal o cual predilección son normales, o variantes de lo normal y, sobre todo, aleccionar para la ineludible prevención del perjuicio, para consigo mismo y/o derivado a terceros.
Habría que actuar de manera sutil, sencilla, amigable, sin aspavientos y, lo que es muy importante, desaconsejar las cirugías sangrantes, irreversibles y mercantilistas. La hormonación puede ser útil, aunque con exhaustivos controles, endocrinológicos, utilizando dosis mínimas eficaces; también ginecológicos, andrológicos y sociológicos; vigilar y prevenir las frecuentes repercusiones holísticas, emocionales y psicosomáticas, debería estar contemplado en el rigor del protocolo.
La banalización, por estas leyes, de tales “transmutaciones”, así como el esnobismo expansivo generado, están tomando a la sociedad, ciencia y propedéutica incluidas, “por el pito de un sereno».
Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros
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