No llega el día,
ni se oye la luz,
que restriegue mis ojos;
la noche, va alejando su rumor,
el gallo se desgañita
y el tañido de campanas,
por un nadie, que nos dejó,
gimotean, cuando repican.
Ese nadie, no soy yó,
aunque podría;
las constantes, de mi vida,
desvarían,
porque el alma
se quedó sin gasolina
y es difícil repostar
cuando, al querer arrancar,
me falló la batería.
doctorpoeta