
La tremenda pandemia del buenismo está contagiando, de manera insufrible, al colectivo vulnerable de niños, adolescentes y jóvenes; como nadie lo remedie, los casos de corrupción sexual, en estas edades, van a sobrepasar al acmé de frecuencia, con pocas posibilidades de alcanzar la desescalada; los efectos secundarios, terribles en muchos casos, son motivo, cada vez más frecuente, de consulta pediátrica.
doctorpoeta, el que avisa no es traidor