LA MIRADA ES MAS LEAL

No sé, pero acordaron mirarse;

podrían haberse citado

cuando, en  furtivo reojo ,

las mejillas, se incendiaron;

y cayó, en el suelo, un guante.

Recogí tu sentimiento

y, quise hablarte;

¡la palabra, entrecortada,

fue arrastrada por el aire,

como instante, por el tiempo,

como mota por el lastre.

El sol,  se estaba ocultando

y sin luz, quedó cegada;

chispeando, se mojó;

las letras emborronadas,

¡inútil deletrear!…

Mas ¿qué quise decirte yo?…

Pues ¡deben los ojos, jurar

con la mirada, el amor,

si la palabra, se traba!

¡Seguro, no mentirán!

Antonio C. Rodríguez Armenteros