¿NOS TRAERÁN CARBÓN LOS REYES?

Es un hecho que los “peques”, en edades comprendidas entre los 2 a 4 años, descubren en su vida de relación la mentira como una forma de jugar con el lenguaje, como una fantasía que les hace describir las cosas como desearían que fueran y no como son en realidad. Es muy importante que los hermanos mayores, padres  y en general, todos los observadores de su desarrollo, participemos en ese “juego” dialéctico, como si diéramos crédito a sus argumentos dándoles a entender que vivimos con ellos en su mundo imaginativo; NUNCA SE LES DEBE REPRENDER. Por avance madurativo, esta peculiaridad dará paso a otras formas de intercambio más diferenciadas.

Otra cuestión es la llamada MENTIRA CRÓNICA que podría considerarse trastorno, de más o menos calado, si aparece cuando los menores han sobrepasado la edad de cuatro años y de ahí en adelante; sus causas son diversas: desde las llamadas “mentiras piadosas”, a las estrategias de evasiva y/o distracción, improperios de tipo compulsivo u otras. En adolescentes la mentira compulsiva, asociada a otras conductas antisociales, puede poner de manifiesto un síndrome psicopatológico subyacente, debiendo evaluarse en los centros de salud mental.

Especial consideración merece LA MENTIRA INTERESADA que pretende, y muchas veces lo logra, beneficio a primeros y por lo tanto, perjuicio a terceros; los códigos de justicia éticos, deontológicos, estéticos, etc. deberían incluir esta figura, claramente transgresora para que la responsabilidad, de quienes la vierten, deje de considerarse un simple «gracejo», una forma de escamoteo por el miedo a la verdad, una maniobra «inteligente», un lavado de cerebro, etc. Debe ser sometida a expediente, en función de los perjuicios que pueda ocasionar  y que el artífice no se vaya de «rositas». Se recurre, muchas veces, al manido buenismo de pedir perdón que, en mi opinión, no dista mucho de ser un cínico postureo.

doctorpoeta

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