
¡En fin mujer! Gracias por ser la realidad de mis sueños más sublimes. Cuídate, buscándote en ti misma y no en los caminos que anuncian tu nombre. Deseo que llegues a convencerte, como yo lo estoy desde que pude acercarme para oírte respirar, de que aún eres mejor de lo que aparentas y de lo que tú misma crees de ti. Todo el vigor del sentimiento se acumula en tus adentros listo para derrocharlo en el instante en que los demás lo necesiten. Hay constancia en tu vida inigualable, en tus hijos, tus nietos, en mis versos, en mis sueños…
Gracias desde mi corazón. Permíteme besar la limpia delicia de tus manos
Antonio C Rodríguez Armenteros.
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