MADRE NATURALEZA

Cuando la alondra al nido

vuelve

y llega, vibrante, a tu oído

el trinar de algarabía;

cuando tus niñas, abiertas

en sombra,

ceden captar al olfato 

ese prodigioso aroma

de la rosa que se abre

y tu tacto, que esculpe belleza,

eleva a tu tu mente,

con grata fineza,

facciones, placeres, las artes,

las ciencias;

cuando sabes, por el Braille,  

cuánto brillan las estrellas,

cómo se evocan tus sueños,

si alcanzaste tus anhelos;

vives mis rimas, mis versos,

y, a la luz de los mensajes

la forma como te aprecio;

si tu boca, con bellas palabras,

narra la luz de tus valles,

pinta la nieve en tu monte,

notas la luna y sus fases

y sacias amor, con tus besos;

si contemplas el inmenso

azul del cielo

postrado en la paz de tus mares;

si en mi playa, te roza la brisa

y respiras en tu isla

cuando llegó tu velero;

cuando el rayo, que rompe mi

alma,

no intimida tu calma y lo adviertes

como truenos y aguacero…

¿Ciego eres?

Como sabes, la mirada, bien

conservo;

permíteme que te diga,

a fuerza de ser sincero,

que toda la ceguera es  mía…

¡Sana envidia, compañero!

¡Y viva Santa Lucía!

doctorpoeta

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