
No hay nada mejor, para las investigaciones, que utilizar la lupa de la lógica para colocar verdades y mentiras en el lugar que deben ocupar.
Sucede con la ahora llamada “crisis climática”, después de haber utilizado diversos nombres para rectificar su ineptitud e inocular a la población con la falsa creencia de que el hombre es responsable de la fiereza del clima y sus repercusiones.
La superficie de la tierra está grabada con llamativos cambios estructurales que demuestran, sin lugar a dudas que, a lo largo de las Eras, la alternancia de agresividad de los accidentes climáticos modifica tanto la orografía como las características de las zonas y por tanto el hábitat de los habitantes, incluidas las especies vegetales. El hecho de que el clima cambie continuamente, a menudo desnaturalizando las características estacionales, se produce desde el Big Bang, es decir, mucho antes de que se lanzaran a la atmósfera las llamadas “emisiones” y la “carbonización impía”. El “fatídico” CO2 es esencial para todas las formas de vida; su concentración en la atmósfera, al igual que la del oxígeno, el nitrógeno, el ozono y los gases nobles, debe permanecer constante, dejando el exceso restante para suplir el defecto. Las impurezas se reducen mediante sofisticadas redes naturales.
En definitiva, parece imposible que la malvada acción de “cuatro gatos”, por incivilizada que sea, pueda siquiera “hacerle cosquillas” al fanfarrón, también poético, éter infinito. Sí es, de vital importancia desde mi punto de vista, tener una normativa rigurosa para cuidar el medio ambiente en las zonas habitables.
doctorpoeta
Comentarios recientes