
El feminismo olvida con torpeza, sobre todo en sus expresiones radicales, reconducir al varón hacia el aticismo y recluirlo en el gueto de crueldad, de manera injusta y torticera. A mi juicio, este es el motivo fundamental por el que. lo varonil, en general, sea señalado como peligroso, con la consecuencia de la exasperación del varón en sus reacciones de convivencia. Reconocer la prevalencia dominante de la noble afectividad masculina y concederle libertad para desempeñarla, podría ser clave para moderar las respuestas, tantas veces indeseables, a una insensata inculpación de machismo que, lamentablemente, existe.
Mi sugerencia, también podría ser de utilidad, creo, para que el hombre asumiera convencido, el cumplimiento razonable de las normas hacia la justa complementación, obviando la llamada a la «igualdad», que, desde mi punto de vista, pudiera resultar injusta e inalcanzable y reclamando la «solidaridad», entre los géneros, que aportaría una drástica solución al artificioso dilema.
doctorpoeta
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