
JUNTO AL DNIÉPER
Un minuto, después del estruendo, él sonrió con esfuerzo y con dudas; en su alma, cortada, por la cruel existencia, brotaba, de pronto, un amor desbordante; el clamor de sirenas, anunciando la infamia, o la muerte que acecha, propició que, temblando, kieveño y kieveña, fundieran sus cuerpos, escondiendo las penas bajo el dulce consuelo de un beso antibalas y la magia en destellos de la vara de un hada.
Y el fragor de jadeos, de misiles y el viento, irrumpían irrumpían ojerosos, quebrantando el silencio…
doctorpoeta
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