
LA ALONDRA
La alerta el dolor de espinas y la alondra volará, virando la timonera para, al Calvario, llegar. En el travesero posa y un plañido va a exclamar: Abre el pico, gruñe, llora (ni es su canto, ni es trinar)
Que encajada la corona, con rasguños, costras, llagas, salivajos, golpes, trolas, le dan, por cetro, una caña, una lanzada en el tórax y, al pedir, sediento agua, hiel, con vinagre, toma.
Y, tras las Siete Palabras, tiemblan nerviosas las alas; se acurruca en el larguero y es vano su picoteo para, el estigma, sedar
Con cuatro afilados clavos, le atenazan pies y manos:
Martirio por libertad, que redime todo mal. ¿Esclavos encadenados? Desde ahora, nunca más.
Rojizo se torna el cielo; fuerte viento, confusión; la sacudida del suelo conmociona al centurión.
La alondra huye aturdida, tras la lanza en el costado; en el pico lleva espinas…
¡muerto el Hijo abandonado!
doctorpoeta.
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