
¡CUÁNTO MERECERÍA LA PENA!
Percibo, en los padres de ahora, que son más dados a tener inseguridad y muchas dudas relacionadas con la actitud, también con la aptitud, para intervenir en la evolución favorable de sus hijos; son frecuentes los complejos de culpabilidad y reproches, muchas veces infundados, aunque muy proclives a la ruptura. Digamos que les ha tocado, seguramente, la peor época para ser padres.
La solución pasaría por la multidisciplina; un ambiente de estabilidad socio-económica y de conciliación laboral, sería básico para la mejor adaptabilidad; la ética, en sus contextos biológico y antropológico, aportaría una base formativa imprescindible para el estímulo racional de la convivencia, o sea, de la felicidad.
En el aprendizaje compartido de saber estar “a las duras y a las maduras” estaría, creo, la clave de una afable vida en común.
Espero no «pinchar en hueso» ; no es difícil ser feliz, pero no se hacen bien las cuentas.
doctorpoeta