Florecen, por primavera,
brotes silentes como aquel amor sembrado.
Para dicha del recuerdo, advierto:
Su esencia,
que surten las almas de anhelos;
y las hojas que verdean,
colorean mi pericardio
con el color del deseo o, tal vez,
verde esperanza.
Hacia la playa me bajo
anhelante y perfumado.
No he palpado aun tu amor,
pero lo noto en el cuerpo:
mi corazón atizado,
y mis suspiros al viento,
por el mar te están llamando.
Y tu voz de seda canta;
me la trae la caracola,
que, en bajamar, se aposenta
sobre un montón de mi arena;
rompen con fuerza las olas
y al refluir la resaca,
el vaivén que se genera,
al ritmo del canto, habla…
¡Canta, recita, baila
que, se estremezca mi alma,
con tanto amor de balada!.
Tu mirar, que no lo encuentro,
sin estar honda la playa
y sí muy alto el firmamento;
busco en la estela del canto
y, en la línea mar y cielo,
viajan tus ojos despiertos.
Pido, con locura, un beso;
hay escarceos de la brisa
y un chasquido en mi mejilla;
con el sol, ya casi puesto,
no puedo encontrar tus labios,
¿Dónde están, que no los veo?….
doctorpoeta
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