Se conoce la realidad de una clara patología derivada de una alimentación inadecuada tanto, cuantitativa, como cualitarivamente. El buen cocinar debe reconocerse como una de las ciencias más decisiva porque repercute, en gran medida, en la conservación de los equilibrios funcional y orgánico de las personas y, por tanto, una vía ineludible para acceder a una forma de vivir saludable y feliz. Todos deberíamos aprender a comer y a cocinar. En mi opinión, habría que incluir en los programas educativos, como asignaturas de relieve equiparable, incluso de mayor rango, al de cualquier otra ciencia. Saber preparar los alimentos y por ende, alimentarse bien, va a repercutir en el devenir de bienestar y salubridad de las familias introduciendo en la sociedad la ciencia de cocinar bien, para comer mejor. El beneficio sería sistémico y con especial resultado sobre los más vulnerables: bebés, niños, enfermos y ancianos.
Comer bien no quiere decir comer caro, sino comer de forma racionalmente adecuada; preparar alimentos apetitosos y nutritivos, de manera fácil, no solo implica habilidad en el aprendizaje y ardid en la elaboración; también una actitud de entrega y dilección con la consecuencia de darse y superarse uno a sí mismo y lo que es más importante. otorgar a los demás. Diríamos, en sentido poético que, allende los sentimientos, desde la cocina se estaría gestando una forma genuina de amar, de entregar el alma.
@doctorpoeta