
EN DEMANDA DE INTELIGENCIA para poner en solfa, la necedad interesada del clientelismo.
El derecho de la mujer a su empoderamiento no puede sabotear, como se pretende, el derecho del varón a la satisfacción completa de su capacidad para amar y ser amado; la reacción, desesperada, a la tragedia de estas privaciones sería, a mi juicio, el verdadero motor de la violencia.
Los comportamientos abominables de todos, (también de todas y “todes”) deben ser aleccionados desde el tacto y el acercamiento y nunca desde la saña y la distancia. El sectarismo no parará de hacer vías de agua en la góndola de la concordia.
Desde la provisionalidad, consultaría a Psicología sobre dónde podría existir más frecuencia e intensidad de la violencia, en el hombre o en la mujer, en el supuesto de que, en el genoma humano, existiera equiparación del vigor físico. (?)