En ti he vivido

y espero seguir viviendo:

fue promesa y se ha cumplido.

Supiste elevarme a hombre

y crecí en tu certidumbre;

era un crío barbilampiño

crudo, noble y nerviosillo.

Tú, de «mujer» naciste:

criatura de pelo suelto,

a veces, festivas trenzas;

ante la lumbre en invierno,

arrimando al fuego leña

o jugando a piedras «chinas»

bien contándonos un cuento,

ya meciendo a tus muñecas,

ya planchando sus camisas.

Pero hubo, en ti, verdad,

cuando del juego salías:

hacías sopa, freías huevos

y ponías, con garbo y sal,

la mesa de almuerzo y cena

Fue, más tarde, en sobremesa,

a la sombra del parral,

lugar de escondite y cita

cuando al fin medí tu encanto:

Fija miraste mi faz,

fuerte, cogiste mi mano

y al verde pudor del alma

de pronto, el rojo subió;

también guiaste mis pies,

que, sin tiento, caminaban

y me invitaste a probar

esa fruta tan temprana,

fresca y dulce al paladar

que, aunque pronto, maduraba

doctorpoeta

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