
PAN Y VINO, EN LA CENA DEL PERDÓN
Perdido en la zozobra de mi norte
ciego, hambriento y desvalido
me citaste, en tu convite, a ser consorte.
Va cediendo la barrera impenetrable
cuando abre la cadena de mi olvido;
la llamada me deriva hacia tu rumbo,
indicado por los hitos del camino.
Y mi alma reseca se ha cansado,
no por brío, ni por sueño, ni por frío:
¡Hambre y sed,
que son infierno y claman Gloria
al llegar a Tu umbral, que es mi destino!
Arrimado, me he sentado en la Tu Mesa,
a resguardo del odio insuperable,
me aproximas la ración tan suculenta
del menú de Tu misterio inconfesable:
Impulsado hacia el Amor, he sido inscrito
en el censo de tu oasis de esperanza
y si, aun reconfortado,
un conato de vileza me amenaza,
otra venda me retiras con audacia;
y sentándome de nuevo allá en tu lado,
de ese Pan, de ese Vino y de tu indulto,
sobre el palio del mantel, me habré saciado.
Con tambores y cornetas, o solo eso eso:
¡Jesús mío, buen provecho!
doctorpoeta