¡BUEN PROVECHO!

Perdido en la zozobra de mi norte

ciego, hambriento y desvalido

me citaste, en tu convite, a ser consorte.

Va cediendo la barrera impenetrable

cuando abre la cadena de mi olvido;

la  llamada me deriva hacia tu rumbo,

indicado por los hitos del camino.

Y mi alma reseca se ha cansado,

no por brío, ni por sueño, ni por frío:

¡hambre y sed,

que son infierno y claman Gloria

al llegar a Tu umbral que es mi destino!

Arrimado, me siento allá en Tu  Mesa,

a resguardo del odio insuperable,

me aproximas la ración tan suculenta

del menú de Tu  misterio inconfesable:

Impulsado hacia el Amor, he sido  inscrito

en el censo de tu oasis de esperanza

y, si aún reconfortado,

un conato de vileza me amenaza,

esta venda habrás quitado con audacia

pues sentándome, de nuevo, allá a tu lado,

de ese Pan, de ese Vino y de tu indulto,

sobre el palio del mantel, me habré saciado.

doctorpoeta

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.