
La comunicación debe ser considerada como un servicio esencial y por ello expresarse desde la retórica más aséptica; los prestidigitadores de conceptos logran “encandilar” con su verborrea, tan atildada como vacía; la ilación pretende, con la distorsión de los medios utilizados, el fin de inocular en la opinión, una percepción sesgada del mensaje; intencionadamente o no, son malversados, en su conjunto o parcialmente, preceptos fundamentales de la buena praxis, tales como la sinceridad, amabilidad, tolerancia y paciencia.
Siempre entendí que el buen comunicador, ecuánime y veraz, HA DE SER TRANSMISOR del comunicado y NO SERVIRSE de él; como mentor de lo noticiable, silenciará la provisionalidad si no la puede acreditar; tampoco habrá de «repetir y repetir” lo que todo el mundo sabe, sino apostar por la transcripción, con lealtad, de lo que todo el mundo DESCONOCE .
doctorpoeta
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