SOY ANTONIO
Amigos, ante todo, mi credencial:
Soy Antonio Carlos. Rodríguez Armenteros, aunque también respondo al nombre de doctorpoeta. Quizás, con esta “palabra” se pretenda fundir en uno, los dos sueños, realizados, de mi existencia. La idea de mi hijo Paco, con motivo de comenzar a publicar por estos medios, me pareció muy acertada y gracias a vuestra amable acogida, se me menciona más con este cariñoso apelativo, que con mi propia filiación. Un placer, digno de agradecimiento.
Doctorpoeta: doctor y poeta. La verdad es que habría sido más gratificante para mí, o mejor dicho más exacta semánticamente, la acepción «pediatrapoeta», pero alabo el gusto de mi querido hijo por cuestión de fonética. En cualquier caso me siento orgulloso de ser identificado con esta ocurrente fusión de palabras.
Pediatra: La vigilancia de la población infantil y adolescencia, siempre ha sido para mí, objeto de inquietud, sea en salud o en enfermedad. Pensar que de mi intervención depende, una y otra vez, rescatar de la tristeza y recuperar la sonrisa de un pequeño enfermo, independientemente de su estado, recuperar el optimismo de la familia y proporcionarles un bello amanecer, ha sido y seguirá siendo un sueño. Invoqué a Apolo, para que me fuera transmitido su saber y amparado por la eminencia de Higia y Panacea, me implico en el día a día, para aplicar la mejor solución, si la hubiere, según mi mejor juicio.
Poeta: Ya, el propio ejercicio profesional toca la fibra de mi lirismo. Si bien, desde el punto de vista estrictamente literario, mi afición, aptitud o tendencia, arrancan, prácticamente, desde mis orígenes. En mi familia siempre viví un afable ambiente de valores y sentimientos. Mi padre influyó en sus hijos para convencer con la razón y mi madre nos inculcó conmover con el afecto. ¡Qué gran poetisa, mi madre, si sus poemas, aforismos u ocurrencias, se hubieran transmitido!
Siempre escribí. Dejé constancia en la escuela, en mis juegos infantiles; luego en la adolescencia. Todo aquello, se perdió, o mejor dicho, no se recopiló. El paréntesis de los estudios y la escasa continuidad durante el ejercicio profesional, no fueron óbice para publicar dos libritos: el primero, REFLEXIONES Y POESIAS, en 1.988 y más adelante, en 2002, ALGORITMOS DE MI EXISTENCIA, ambas ediciones se agotaron. Actualmente, retengo mucha producción guardada; mi musa, entusiasmada, me exige casi a diario plasmar su inspiración, con la intención de difundir nuestro mensaje que, por qué no, podría ser crucial.
DE TOMAS BEVIA, ESCRITOR Y CATEDRÁTICO, A ANTONIO C. RODRÍGUEZ ARMENTEROS. Julio de 1997
Con orgullo, recibí aquel poemario compuesto en tu etapa creativa que yo bauticé como gentil. Ávido, recité el primer poema; quise reproducir, con mi voz, tu sentimiento tan genial como incomparable; creo que el intento no fue baldío porque, en el hueco vacío de mi cráneo, percibí un súbito encendido de luz que desperezó el centro neurálgico de las sensaciones. Y admiré, amé y me enganché a tus poemas, del primero al último; eran, a veces, como vuelo de ruiseñores de sonoras cadencias; otras, bandadas de blancas palomas que esparcían rimeros de paz; otras, bandadas de golondrinas vestidas de azul marino con camisas blancas como la nieve. Surgían, de tu espíritu, como bocanadas de inspiración, brotaban de tu pluma, cargada de tinta carmín, como melodías de pétalos de rosa. Tuve que ponerme gafas oscuras para que, sus destellos, no ofuscaran las retinas de mi alma aunque el clamor rutilante de las estrellas dejaba encandilado mi pobre intelecto.
Me pediste que compusiera un prólogo para este libro maravilloso, mas no pude hacerlo; lo intenté una y mil veces pero siempre acabó en la papelera; lo encontraba tan absurdo como la osadía de una luciérnaga, de pálido resplandor, queriendo describir el fulgor de un lucero.
Introducción al libro Reflexiones y Poesías.
doctorpoeta

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