Lo poético no dejaría de ser poesía, por el hecho de ser poco o nada entendible; lo primordial es que el lector se interese por el mensaje y trate de descifrarlo, otras veces de imaginarlo y también de trastocarlo y personalizarlo; debe evitar, en lo posible, la deserción tajante del interés por aquello que el autor pretende transmitir y dedicarle su tiempo.
El oscurantismo del poema no debe ser, a priori, elemento de repulsa, sino vector de enlace, entre quien lo expone y quienes lo perciben, con la pretensión de implicar a éstos en el proceso de ubicación de la belleza, si la hubiere y de la clarificación, no imprescindible, del contexto, de su lirismo y de su, eventual, trascendencia.
doctorpoeta
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