
RADICAL
Cuando llega a mi casa, deseo
que mis ojos, pasmados, se aparten
y que el cinto, apretado, no caiga;
porque riesgo de infarto presiento,
al latir, como loco, mi pecho,
por exceso imprudente de carga.
Como nunca he logrado evitarlo,
me he propuesto no hablarle
y que nunca, en la vida, me hable,
si es que no se me rompen las venas
del cuello,
cuando tanto silencio no aguante.
doctorpoeta